viernes, 25 de abril de 2014

EL CUADRO

 Como todos los años me fui a Membrilla a pasar la semana santa, pero esta no iba a ser como las demás.
Un día, recuerdo que era martes, estaba leyendo la revista y oí como se abrió la puerta de un ventanal.
Miré para todos los sitios pero no había nada ni nadie, al girar la cabeza me dí cuenta de aquel ventanal, estaba abierto, yo aterrorizada alcé la vista y vi un cuadro algo terrorífico. Era mi bisabuelo vestido de soldado. Tenía su gorra y escopeta, con un cinturón rojo ancho y vestidura verde del ejército. Tenía la mirada fija y seria y no sonreía. Todos los días lo miraba, hasta que un día armé de valor y decidí subir e investiga. Fui mirando habitación por habitación, e iba viendo muñecos sin cabezas, cajas, trastos viejos y túnicas de nazareno. Había bastantes habitaciones, hasta que llegué a la última donde estaba el retrato de aquel soldado. Con el había estastes llenos de libros viejos y polvo; al lado del retrato había una silla de ruedas, que por lo que me habían contado mis tías era de mi bisabuelo. Limpié el polvo del cuadro y su cara se veía mejor. De pronto oí como alguien me susurraba y me decía -Hola ¿qué haces aquí?, vete-. Yo pensé que solo sería mi imaginación pero lo volví a escuchar. Al oír que había alguien, bajé corriendo las escaleras, y no podía respirar. Estaba fatigada y muy asustada.
Aquella noche no pude casi dormir, pero cuando conseguí dormirme sentí como alguien me pellizcaba en el brazo y me susurraba -vete- no le prestaba atención a aquellos susurros.
Cada vez iba a más, recuerdo que me tiró un bocado en el que aún sigo teniendo la cicatriz. Me levanté con falta de sueño, pero arriesgué a volver a subir. En un momento determinado, hablaba con ella sobre que hacía aquí, pero mas de una vez me advirtió -vete-, yo le preguntaba -¿por qué?, ella me contestaba -va a ser mejor- pero yo no le hacía caso.
Día a día me fueron faltando pulseras que dejaba por los baúles, ropa que tenía en el armario y cosas pequeñas sin importancia, pero al final iba a ser un gran problema.
Un día decidí contárselo a mis tías, y ellas me contaron que había despertado a la mujer de mi bisabuelo, a mi  bisabuela Manuela.
Aquel fantasma se me empezó a aparecer en todos los lados, me seguía a todos sitios y siempre me llamaba diciendo -¡María!, ¡María del Señor!- yo no le quería responder pero era inevitable.
Un día fui a la iglesia a confesar y aproveché a decirle al cura lo que me sucedía, me dijo que iba a ir al día siguiente.
Como dijo el día siguiente estuvo aquí. Para que se fuese el fantasma empezó a pronunciar palabras en latín. -¡espíriti vit di vengi!- que significa -¡espíritu veste de aquí!. Se lo dijo repetidamente y la casa empezó a temblar, de pronto el cura cayó al suelo como si alguien le hubiera empujado, de pronto empezó a oírse una voz que gritaba.
De pronto me desperté de aquello, no había sido un sueño, había sido algo extraño difícil de explicar.
Ya no sé me volvió a aparecer aquello, pero ahora tengo presente cicatrices y esta historia que me pasó y no se me olvidará.

                                                        FIN 
                                                                         





                                                                        AUTORA: MARÍA DEL SEÑOR ALMARCHA JAIME                                                                                                                                                    6º CURSO

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